And when such affirmation comes, it somehow makes the weekly struggle to preach worth while.
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Memorándum para el segundo domingo después de la Epifanía
16 de enero
. . . del lodo cenagoso . . . Salmos 40:1-11
Por: Bill Cotton
Me encantan los Salmos. Estas escrituras siempre hablan acerca de algún aspecto de la condición humana. ¿Ha notado? Dios jamás habla en los Salmos. Todas estas escrituras son sobre nosotros llorando, cantando, usando palabrotas, alabando, desesperándonos, esperando, y todo lo demás. Salmos 40:1-11 es buen ejemplo.
El salmista ha sido salvado, sacado del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso. Esa frase lodo cenagoso es muy descriptiva. Pienso en hundiendo en el légamo, el estiércol, el cieno, el cenegal. Simplemente leyéndolo me hace querer ir a atacar y limpiar el desorden en mi escritorio. Y el fregadero está llenos de platos otra vez, y la basura comienza a oler.
Supongo que todos sabemos algo del lodo cenagoso.
Pero nuestro salmista también está regocijando. Ha sido sacado y puesto sobre peña – tierra firme. ¡Este gato ha recibido segunda oportunidad! Sabe acerca del rescate y hablará mucho y con toda la voz acerca de este Dios maravilloso quien trae la liberación. Pero entonces en la última oración, los mismos temores parecen regresar y otra vez pedirá que Dios no aparte la misericordia.
Al comienzo de un nuevo año miramos atrás y vemos el desorden, el lodo cenagoso, y quizás nos preguntamos cómo es que llegamos al año nuevo. O es posible que nos hemos puesto en un lío y simplemente estamos aliviados dejarlo atrás.
Para mí, en un día verdaderamente malo de predicación, uno de esos domingos cuando nada sale bien, algunas rezaba una oración después de la iglesia y le daba las gracias a Dios que tenemos el próximo domingo para hacerlo bien y esperar la misericordia. La predicación también puede ser lodo cenagoso.
Nosotros predicadores sabemos que somos capaces de repetir la misma conducta que nos puso en el légamo en el primer lugar. Así que el salmista es sabio en pedir que Dios no aparte la misericordia – y lo mismo es verdad para nosotros cuando nos enfrentamos con el nuevo año.
Y la buena nueva es, si tomamos seriamente la tarea de ser fieles a la palabra, es posible que Dios pueda usarnos como el medio de gracia para sacar a algunas personas del lodo cenagoso a la peña de la salvación. Cada Navidad recibo una carta de una persona que vive lejos de mí. Ella era estudiante graduada en Drake cuando servía en la Iglesia Grace. Jamás conocí a esta persona. Ella sentaba en el balcón y salía en el último himno. Pero siempre me escribe para darme las gracias por ayudarle a encontrar el camino a la fe. Mi adivinanza es que la mayoría de los predicadores pueden relatar tal historia porque somos instrumentos de la gracia de Dios. Y cuando tal afirmación viene, en alguna manera hace de mérito la lucha semanal de predicar.